Stryper: gracias por concierto concedido

Ésta debe haber sido una de las pocas ocasiones en que en Caupolicán se veían tantas imágenes religiosas junto a poleras negras y jeans. Fanáticos vestidos al más puro estilo glam de los ’80 junto a un lienzo enorme donde se leía “Jesucristo viene”. Y es que el grupo que se presentaba aquella noche por primera vez en nuestro país fue capaz de convocar a tan diverso grupo de gente, que probablemente no se hubiese juntado bajo ninguna otra circunstancia.

Las luces se apagaron a las 20.30 horas y Stryper saltaba al escenario en medio de la euforia de un público de todas las edades, desde seguidores de los comienzos del grupo hasta adolescentes acompañados de sus rockeros padres. “Sing Along Song” fue el tema de partida de este show tan esperado, cuyo bonus track era la presentación de los miembros originales de este cuarteto oriundo de California. Luciendo sus clásicos atuendos negro-amarillos, Stryper dejó claro desde el primer acorde que se avecinaba un concierto del más potente hard rock. Sin pausa alguna, “Loud & Clear” continuó haciendo saltar a todos los asistentes, mientras Michael Sweet y Oz Fox deleitaban con un ovacionado solo a dos guitarras.

“Hello! ¡Hola! We love you all!” fue el saludo de Sweet quien, luego de agradecer al público, presentó el siguiente corte de 1983, “The Rock that Makes me Roll”, que va pegada a “Reach Out”. A esas alturas, el Caupolicán ya era una fiesta con todos los fanáticos coreando cada estrofa y haciendo el infaltable air guitar durante los solos.

Un cambio de chaqueta precedió a “Calling on you”, del “To Hell with the Devil”. Llegando prácticamente sin problemas a las notas más altas, Sweet demostró que sigue tan vigente como hace 20 años. Junto a Oz Fox y Tim Gaines, lograban armonías impecables y llenaban el escenario corriendo de un lado a otro. “¡Todos salten con el siguiente tema!” ordenó Sweet, y el público obedeció sin dudarlo al comenzar los acordes de “Free”.

La euforia se apodera de los asistentes y nadie deja de saltar con el siguiente corte, “More Than a Man”. El sonido es impecable y el show potente. Hasta los fanáticos más pequeños cantan junto al grupo, demostrando que la música de Stryper ha traspasado fronteras. La ovación al final de la canción crece aún más al inicio del siguiente tema, el cover de Judas Priest “Breaking The Law”, una pequeña muestra del disco “The Covering” que saldrá al mercado en octubre próximo. “Peace of Mind” y “4 Leaf Clover”, los únicos cortes de su última placa “Murder by Pride”, si bien no son lentos, bajaron un poco las revoluciones y dieron un respiro a un público que aprovechó casi de tomar un descanso luego de la fuerza de la primera mitad del espectáculo.

Sweet y compañía hacen entonces una pausa, y gritando “¡éste es el libro más importante!”, lanzan biblias al público, que enloquece por tan inesperado obsequio y se abalanza sobre los libros. Robert Sweet aprovecha también de regalar una inmensa cantidad de baquetas y lo mismo hace Fox con sus uñetas. Luego de esta pausa el show continúa con “Open Your Eyes” y la locura vuelve a apoderarse del recinto. Ni los músicos ni los fans muestran señales de cansancio al comenzar “All For One” sin un segundo de descanso entre ambas canciones.

Con la máxima capacidad de sus pulmones, Sweet presentó “The Way”, dejando la guitarra por un rato y dedicándose sólo a demostrar el inmenso talento que tiene como vocalista. Fox, por su parte, no permitió que la canción sonara menos potente y fue capaz de mantener los decibeles tan sólo con su guitarra. En medio del tema, y gracias a que Michael Sweet no tenía la guitarra en sus manos, alguien le lanzó una polera con la palabra Jesús y éste pudo tomarla y mostrarla al público, gesto que desató el delirio de todos los asistentes.

El grupo se retira entonces del escenario, en medio de aplausos y gritos, pero menos de dos minutos después vuelve a escena para interpretar “Abyss”, la intro del disco “To Hell with the Devil”, que dio paso al tema del mismo nombre. Los fans casi hacen estallar el Caupolicán y cantan aún más fuerte que el mismo Sweet, transformando este corte en el más potente de la noche. “Soldiers Under Command” vendría a continuación para crear un momento mágico entre el vocalista y los asistentes. Lamentablemente, sería el último tema del concierto.

Muchos no podían creer cuando la banda se retiró del escenario y prendieron las luces del teatro, ni siquiera cuando los técnicos comenzaron a desarmar los equipos. No es que hubiesen estado esperando alguna balada -aunque es el gran éxito del grupo, “Honestly”, habría estado un poco fuera de lugar entre los riff poderosos-, pero todos esperaban que la primera presentación de estos íconos del rock cristiano fuese un poco más larga. Sin embargo, la potencia del show, la entrega de los músicos, las biblias que regalaron y, por sobre todo, el haber visto en vivo a un grupo tan esperado por tanto tiempo, fue más importante que la duración del show. ¡Gracias, Stryper, por concierto concedido!

Por Isabel Mallea
Fotos por Bianca Zapata

Manowar: una larga espera llegó a su fin

La primera presentación de los Reyes del Metal en nuestro país era un evento que conllevaba expectaciones muy altas, y la emoción de los fans casi se podía respirar en un Teatro Caupolicán lleno por completo. Chaquetas, poleras, banderas y hasta tatuajes de Manowar uniformaban a la audiencia que, desde temprano, hacía fila para quedar en la mejor ubicación y disfrutar del tan esperado concierto.

Los nacionales de Chronos fueron los encargados de calentar motores, saltando al escenario a eso de las 20.10 hrs. Con una presentación potente que incluía hasta trajes de vikingo y muñecas inflables (¡!), el grupo interpretó lo mejor de su repertorio, pero nunca logró conectarse con un público que pedía a gritos a Manowar y que, incluso, llegaba a sonar tan fuerte como el grupo mismo. Luego de casi cuarenta minutos, los músicos se despidieron para dar paso al plato principal. La espera se hacía eterna, pero fue gratamente amenizada por el fotógrafo de Manowar quien interactuó con los fans, haciéndolos gritar y levantar las manos para capturar la euforia que se sentía en el recinto.

Cerca de las 21.15 hrs, una ovación siguió al momento en que se apagaron las luces y los cuatro neoyorquinos saltaron al escenario para comenzar con “Hand of Doom”. Desde el primer acorde se notó la fuerza que estos músicos tienen en vivo, con un sonido impecable y saltando a los parlantes ubicados delante del escenario para estar más cerca del público. “Call to Arms” fue el siguiente corte, mientras la pantalla gigante mostraba sugerentes imágenes de demonios, guerreros y por supuesto guerreras, muy al estilo Manowar. Joey DeMaio da inicio a “Swords in the Wind”, que relaja un poco a los enfervorizados fans pero que en ningún momento perdió la fuerza de la interpretación. La imagen de todo el Caupolicán con las manos cruzadas es simplemente fantástica.

La banda sale del escenario y el guitarrista Karl Logan se queda para interpretar un solo que demostró su virtuosismo en las seis cuerdas y que mantuvo a los asistentes con los ojos fijos en la pantalla, donde se podía comprobar la rapidez de sus dedos. DeMaio vuelve entonces a escena y sorprende a los fans con frases en un español bastante regular, pero que incluía chilenismos como “la raja” y que por supuesto causaron otra ovación. A estas alturas, las aclamaciones ya eran algo normal en el show.

Otra dupleta, esta vez con “Die for Metal” y “Sleipnir”, mantuvieron los decibeles muy altos y a todos saltando y coreando. Notable fue el momento en que Eric Adams se confundió y comenzó a cantar las líneas de otra canción, lo que le provocó una carcajada y por supuesto que todo el Caupolicán estallara en risas también. Un desenfoque le puede ocurrir a cualquiera. “¡Es que necesito alcohol!” fue la excusa del cantante, y junto a DeMaio, se toman una botella de vino y una lata de cerveza respectivamente. Luego de recargarse, continúan con la presentación aún riendo por el chascarro ocurrido.

Si bien han pasado varios años desde los primeros discos de Manowar, la voz de Eric Adams sigue sonando increíble. El juego que hizo con el público dejó claro que sus gritos tienen para rato. Todas las notas que canta suenan profundas y claras y no desafina ni un tono. Realmente es un deleite escucharlo cantar. Por otra parte, Joey DeMaio es un show en sí mismo. Su solo fue un momento sublime lleno de virtuosismo que mantuvo a todo el Caupolicán expectante. No se ve la mínima señal de cansancio en la audiencia que, al contrario, pareciera querer que el concierto durase para siempre.

“God or Man” es el corte que se deja escuchar a continuación, en que Adams logra unos agudos profundos y nítidos, como demostrando que los años parecen no haber pasado sobre su voz. “Loki God of Fire” y “Thunder in the Sky” son ejecutadas sin dar un segundo de respiro, inyectando una dosis de velocidad antes de finalizar la primera parte de la presentación.

Pero no se puede esperar poco de Manowar, que antes de un minuto ya estaba de vuelta en el escenario para interpretar uno de los puntos más fuertes de la noche (si es que se puede decir que alguno no fue fuerte), con “Warriors of the World”. Si alguien hubiese entrado en ese momento al Caupolicán, probablemente hubiera pensado que el show estaba recién comenzando y no que llevaba casi 90 minutos de duración: la banda tocando sus instrumentos con toda la energía del mundo y los fans con sus manos en el aire, coreando cada sílaba de este himno. “House of Death” empieza después, y sin descanso la sigue “King of Kings”, que sería la última entrega de la noche y que da término al show con una promesa esperanzadora: “¡Regresaremos!”. La fanaticada permanece con sus manos cruzadas mientras la banda agradece, lanzando uñetas y baquetas por doquier, concluyendo una jornada que permanecerá en nuestras retinas por mucho tiempo.

Y aunque se esperaba que Manowar interpretara temas de sus primeros discos, considerados los más clásicos del grupo, el setlist enfocado hacia los últimos álbumes fue bien recibido por todos los fans que tal vez se retiraron con un leve gusto a poco, pero de todas maneras satisfechos por haber visto, por fin, a estos Dioses del Metal en tierras criollas.

Por Isabel Mallea
Fotos por Bianca Zapata

Gamma Ray: “Rain is falling down on me…”

Dicen que las segundas partes nunca superan a la anterior y, en este caso, la regla pareció cumplirse. Gamma Ray se ha presentado en nuestro país en reiteradas ocasiones -en un Teatro Providencia lleno, junto a Masterplan; junto a Shaman en el Caupolicán, y junto a Helloween en un memorable concierto-reunión, en ese mismo recinto-, y el show del 5 de mayo debió ser la guinda de la torta, pues celebraban los 20 años del disco “Heading for Tomorrow”. Sin embargo, una serie de inconvenientes se encargó de empañar un espectáculo que prometía mucho más.

Pero vamos por parte. El cambio de recinto, del Teatro Teletón al Novedades, fue una decisión que molestó a muchos. El Novedades tiene un sonido bastante deficiente y nadie sabía a ciencia cierta cómo estaría después del terremoto. Además, la variación en el valor de las entradas desfavoreció a todos quienes habían comprado la de 15 mil, pues se les prometió un “poster firmado por la banda” en compensación, pero lo que ellos realmente querían era una ubicación un poco mejor en el teatro originalmente definido para el concierto.

Si bien el show de Gamma Ray estaba programado para las 21 horas, luego de una impecable presentación de los nacionales Blodden Wedd, los alemanes no salieron a escena sino hasta después de las 21.30. El público se impacientaba, sobretodo porque las luces se apagaron pero se volvieron a prender en un comienzo falso que muchos se tomaron con humor, pero otros también con molestia. Junto a “We Will Rock You” de Queen, los músicos comenzaron a salir al escenario para interpretar “Gardens of the Sinner”, que tal vez no era la intro que se esperaba pero que de inmediato encendió a la fiel fanaticada. Gamma Ray tiene un sonido sólido en vivo pero, a pesar de que los técnicos se tomaron bastante tiempo probándolo -con las respectivas burlas del público-, la acústica del teatro no es la adecuada para un concierto de este tipo y la voz de Kai Hansen sencillamente se perdía. Claro que la profesionalidad está por sobre todo y continuaron con “New World Order”, con el público coreando cada nota.

El siguiente corte fue “Empathy”, del nuevo disco de Gamma Ray, “To The Metal”. Aunque el concierto había sido presentado como la celebración de los 20 años de “Heading for Tomorrow”, parecía extraño que hasta ahora no se hubiese escuchado ningún tema de dicho álbum. “Deadlands”, también de “To The Metal”, fue escuchada con respeto por la audiencia, pero sin desatar la euforia que otras canciones consiguen. “Fight”, del álbum “Majestic”, sonó a continuación, para dar paso a “Mother Earth” y “No Need To Cry”, todas presentando el último lanzamiento de la banda. El público pareció bajar las revoluciones, pero sin dejar de pedir a gritos que por favor tocaran “Heading for Tomorrow”.

El show retomó la fuerza con “The Saviour”, del clásico “Land of the Free”, que fue coreado por todos los asistentes. La banda se retira entonces del escenario para que Daniel Zimmerman ejecute su solo de batería. El público disfruta cada redoble y ovaciona al músico, y al finalizar se escucha “Armaggedon”, que desata la locura entre los asistentes que no dejan de cantar ni saltar al ritmo de este corte del disco “Powerplant”. Kai Hansen se ve feliz y se pasea de un lado al otro del escenario, a pesar de lo pequeño que éste era. Es todo un frontman y lo sabe. Sus compañeros de grupo se retiran de escena para que deleite al público con un solo de guitarra, que extrañamente resultó ser idéntico al que tocaba Brian May, guitarrista de Queen, en el tema “Brighton Rock”. Haber comenzado el show con una canción completa de este grupo, y luego tocar un solo exactamente igual de la misma banda… ¡supongamos que Gamma Ray pagó por los derechos de autor!

Usando un atuendo absolutamente motoquero, que incluía hasta lentes oscuros, Kai y compañía continuaron su presentación con el tema que le da nombre a su última placa, “To the Metal”. En este momento, el reflejo de las luces en el escenario deja ver algo insólito: estaba cayendo agua sobre la batería. Había comenzado a llover y el Novedades demostró por qué todos los consideran un teatro pésimo. El grupo parece no darse cuenta y continúan tocando, pero todo el público intenta demostrar su enojo por la situación y cantan “¡Está lloviendo!” al ritmo del tema.

Aún sin mencionar el acuoso inconveniente, comienza a sonar “Rebellion in Dreamland”, que causó risas cuando Kai cantó “Rain is Falling Down on me”. Este corte clásico del “Land of the Free” sonó junto a “Man on a Mission”, dos temas que el público adora y que son carta segura en cada presentación de estos alemanes, pero ¿qué había pasado con el aniversario de “Heading for Tomorrow” prometido durante la promoción del show? Hasta ese momento no había sonado ningún corte de dicho álbum, y muchos fans se impacientaban pues sabían que el concierto se acercaba a su fin y de celebración por esos 20 años, nada.

Luego de esa dupleta, la banda se retira de escena y el público no se cansaba de pedir las canciones del disco que debía haber sido homenajeado. Sin embargo, otra fue la sorpresa cuando los músicos vuelven al escenario y comienzan a tocar “Ride the Sky”. Los fans apreciaron esta joyita de la época Helloween y casi hicieron estallar un Teatro Novedades que seguía lloviéndose. Sin dar espacio para descansar, “I Want Out” es la siguiente canción y el público revive, y hasta parecen olvidar la gotera que seguía cayendo sobre Zimmerman.

A estas alturas del show, pocas esperanzas quedaban de escuchar un tema siquiera de “Heading for Tomorrow”. Uno que otro fan seguía pidiendo esa canción, pero sabiendo que el concierto estaba a punto de terminar. El grupo vuelve al escenario para interpretar “Send me a Sign”, luego de que Kai Hansen se recostara al frente de la batería como tomando un delicioso baño de lluvia, enviando un mensaje de “Qué importa, el teatro se está lloviendo pero nosotros seguiremos tocando”.

Y a pesar de todos los inconvenientes que fueron surgiendo, Gamma Ray terminó su presentación de forma impecable, agradecidos de los fans que siempre los apoyan, y regalando uñetas y baquetas a destajo. Sin embargo, quedó la sensación amarga de un show que parecía haber sido organizado a la rápida, en un teatro que claramente no está habilitado para este ni ningún tipo de espectáculos, y que se promocionó como algo que finalmente no fue.

Por Isabel Mallea
Fotos por Bianca Zapata

Blaze se desprende de la sombra de “La Doncella” y ofrece show de gran factura

El concierto de Blaze Bayley parecía ser otra buena oportunidad para escuchar clásicos de Iron Maiden en vivo, como lo fue, o iba a ser, el show de Paul Di’Anno de hace algunos días. Sin embargo, el espectáculo que ofreció el inglés fue mucho más que un recuento de clásicos de la doncella y se transformó en un despliegue de energía e interacción con el público que dejó a todos los asistentes más que satisfechos.

Pero nada es perfecto. Si bien el show estaba programado para las 21, los nacionales de Concerto sólo salieron a escena a eso de las 22.15, algunos minutos después de la apertura de puertas. Aunque su presentación fue sólida y sus músicos demostraron una increíble calidad, no lograron encender a una audiencia respetuosa pero aburrida luego de la larga espera, y que al poco andar pedía la aparición de Bayley. La excelente ejecución de este quinteto duró cerca de 40 minutos, cuando la expectación por el acto principal crecía.

A las 23.30, los músicos de Bayley aparecen en el escenario desatando la euforia de un público que, hasta ese entonces, se habría podido definir como muy tranquilo. “Madness & Sorrow” fue el primer corte y ya se podía notar la fuerza que Blaze entregaría durante el concierto, interactuando con los fans en el borde mismo del escenario, actitud algo temeraria que por fortuna no terminó en nada malo.

“¡Santiago, déjenme ver sus manos!” pedía Bayley y el público no dejaba de aplaudir. El segundo tema, “Voices From The Past”, fue coreado por todos los asistentes, agradeciendo las palabras del cantante que aseguraba que era “un honor estar de vuelta en Chile luego de tantos años”. “City of Bones” fue el siguiente corte y Blaze no paraba de moverse por el escenario a pesar de su estrechez, y de hacer participar al público y sus músicos. Sin detenerse a descansar, suenan “Waiting My Life To Begin” y “Smile Back At Death”, destacando la calidad de los instrumentistas y el carisma mostrado hacia los fans.

Bayley parece una máquina en escena y en momentos recuerda a Ozzy, por sus expresiones faciales y su manera de aplaudir, y las sonrisas en las caras de algunos fans demostraban que también ellos notaron la similitud. Su voz sigue sonando con la fuerza de siempre, llegando a tonos altos sin señales de esfuerzo o cansancio. Pero él no quería cantar solo y, gracias a lo pequeño del local, Bayley veía a quienes no estaban aplaudiendo o cantando y ¡los apuntaba hasta que conseguía una respuesta!

Antes de presentar “Blood & Relief”, Blaze deja claro que ellos estaban ahí debido a que los fans creen en ellos, a lo que el público responde con otra ovación. “The Launch” suena a continuación, manteniendo las revoluciones de una presentación no apta para cardiacos.

“LA DONCELLA”

Pero faltaba la doncella, las canciones de Iron Maiden que consagraron a Bayley como un gran intérprete. “Lord Of The Flies” fue una nueva inyección de energía, que sorprende al inglés quien se muestra agradecido por tan cálida recepción. Los acordes de “Futureal” sonaron en seguida, pero nadie mostraba signo alguno de cansancio o aburrimiento.

Había que bajar un poco las revoluciones, y Bayley aprovecha de hacer un discurso sobre lo importante que es no dejar que nadie guíe nuestras vidas, que nadie nos imponga en qué creer o qué hacer. “Ustedes deben decidir sobre sus vidas, ¡ustedes eligen qué escuchar!” es el final apoteósico para esta especie de declaración de principios, que va unido a “Letting Go Of The World”.

Blaze dedica “The Brave” a todos los seguidores que llegaron hasta el Rock & Guitarras, por apoyarlo y hacer de esa una noche especial. El calor humano, y la falta de ventiladores, comenzaron a hacerse sentir, y en “Leap Of Faith” finalmente se quitó la camisa, dejando en claro que los años pasan tanto por su vida como por su estómago. Pero esto no lo avergonzó para nada, y al contrario, bromeó diciendo que ahora tenía el “físico de un hombre de verdad”, no como cuando sacaron el álbum Virtual XI donde era más joven y delgado. Al mencionar el disco, todos supieron que venía el tema que estaban pidiendo, “The Clansman”, con las voces de la audiencia casi apagando la de Bayley. “Man On The Edge” va pegada y parecía que el local iba a estallar con tanto canto y saltos. Tan eufórico estaba el público que un fan consiguió subirse al escenario, pero a Bayley no le hizo ninguna gracia y, tomándolo del pelo, lo lanzó hacia abajo, causando las risas del resto de la fanaticada.

Al parecer, a este inglés le gusta aprovechar las instancias de los conciertos para entregar diversos mensajes a sus fans, y esta ocasión no fue diferente. Similar a lo que había dicho unos minutos antes, Bayley dejó claro que nadie los manda ni les dice donde tocar; ellos son dueños de sus vidas y no pertenecen a compañías que les roban a los fans, lo que por supuesto provocó un estallido de aplausos por parte de los eufóricos asistentes. “Robot” fue el corte que puso la guinda de la torta a este pequeño discurso, con el que cerraron una excelente presentación.

Pero en menos de cinco minutos, vuelven al escenario lanzando cerveza, mientras Blaze invita a todos a “olvidarse de mañana, olvidarse de más rato, sólo vivir el presente y disfrutar”, que da paso al que sería el último tema de la noche, “Kill & Destroy”. Cerca de la 1.20, Bayley y compañía finalizan un show lleno de energía y entrega absoluta a los fans. Quienes se quedaron en el Rock & Guitarras tuvieron una sesión gratis de meet & greet, pues Blaze, agradecido, se tomó fotos con ellos y les firmó discos y entradas. En verdad fue un espectáculo que tal vez no tuvo la promoción adecuada, tal vez demandó una espera algo excesiva, pero dejó a los asistentes con la sensación de haber participado de una presentación impecable y llena de fuerza.

Por Isabel Mallea
Fotos por Alan Aracena

Dream Theater dedicó tema a las víctimas del terremoto

Es cierto que hacía exactamente dos semanas un terremoto había sacudido a nuestro país, dejando la destrucción y el desconsuelo que ya todos conocemos. Es cierto también que muchos espectáculos masivos fueron suspendidos, como una muestra de respeto por las víctimas y por quienes lo perdieron todo. Es probable que muchos fanáticos temieran por la realización de este concierto. Sin embargo, la banda cumplió con presentarse frente a sus miles de incondicionales seguidores, a pesar de los temblores que sintieron durante su estadía en Santiago y que los hicieron querer tomar el primer avión para salir de aquí.

Y es que un concierto de Dream Theater era una excelente manera de olvidar, aunque fuera por un par de horas, todos los temores y dolores de los últimos días. Un show que prometía virtuosismo y emoción, de la mano de la música de estos americanos que se presentaban por tercera vez en nuestro país.

La espera se hacía eterna. Pocos minutos antes de las 20.30, hora programada para el show, comenzaron a escucharse versiones acústicas de “As I Am” y “Pull Me Under”, que sorprendieron por la calidad de las grabaciones y que por supuesto fueron coreadas por toda la fanaticada, pero producían sentimientos encontrados pues significaba que esos dos clásicos no serían parte del setlist.

Las luces se apagaron cerca de las 20.35, en medio de los gritos de fervor de los fans y dejando escuchar los acordes de “A Nightmare To Remember”, el primer corte de su última placa “Black Clouds & Silver Linings”. Desde el principio, los músicos demuestran su increíble capacidad de interpretación, que se podía ver claramente en las tres pantallas gigantes dispuestas a los costados y detrás del escenario. Los solos hacen estallar el Movistar Arena en una ovación de admiración y asombro. “Santiago, are you ready for this?” grita Mike Portnoy desde su batería, antes de comenzar a cantar en medio de la euforia del público.

El show prosigue con “A Rite of Passage”, el segundo corte de la mencionada placa y que era la continuación lógica del concierto. Una cámara instalada en el borde del teclado de Rudess permite ver en las pantallas, con lujo de detalles, la velocidad con que este músico vuela sobre su instrumento; y la audiencia enloquece aún más cuando se muestra en paralelo al tecladista y a Petrucci demostrando su virtuosismo. Este último se queda en el escenario para interpretar un solo lleno de sentimiento que da paso a “Hollow Years”, que sería el tema más antiguo de toda la presentación. Aunque el álbum “Falling Into Infinity” parece ser uno de los menos famosos de la banda, el corte fue cantado y ovacionado por todos los asistentes.

Las pantallas muestran a continuación la animación de una especie de hechicero rodeado de un teclado circular, que se convierte en el contrincante de Jordan Rudess en una batalla virtual de solos de teclado… claro que, en realidad, Rudess competía consigo mismo, a través de este alquimista verde. Luego, tomando su controlador, se apropia del escenario y sigue deleitando con su interpretación. La capacidad musical de este neoyorquino, y también de sus compañeros de banda, es impresionante y mantiene a todo el público pendiente de cada nota y acorde que tocan.

La banda retorna a escena para continuar con el concierto junto a “Prophets of War”, del disco “Systemathic Chaos”, que el público canta a todo pulmón apoyado por la letra que se podía leer en las pantallas. James LaBrie se pasea de un lado al otro del escenario, demostrando cuánto disfrutaba de la euforia de sus fans. “¡Hola, Santiago!” saluda a sus seguidores, antes de presentar el corte “Wither”, que bajó un poco las revoluciones e hizo que el Arena se iluminara con las pantallas de los celulares y los encendedores infiltrados.

La banda necesitaba un descanso y se retira de escena, pero sólo por unos minutos pues el show debía continuar. Y lo hicieron de la mejor manera, con una tripleta del “Metropolis pt II: Scenes From a Memory”. Comenzando con la instrumental “The Dance of Eternity”, el grupo seguía demostrando que los años no parecen pasar sobre ellos, sino que, por el contrario, están cada vez más afiatados y tocando de manera más increíble (¿es eso posible?). “One Last Time” siguió de inmediato, provocando la fascinación de los asistentes que no paraban de cantar.

Pero sin duda la canción que venía, “The Spirit Carries On”, se convirtió en el momento más emotivo del show, ya que LaBrie la dedicó a nuestro país debido a “la tragedia que han vivido”. Posiblemente nunca una canción había sido interpretada con tanta fuerza, ni una letra había tenido tanto significado, y me atrevo a decir que a muchos se les puso la piel de gallina y hasta pueden haber derramado una lágrima. La canción que nos muestra lo pequeños que somos y que no sabemos qué hacemos en este mundo, pero que deja en claro que “luego de que nos hayamos ido, el espíritu continuará”. La intimidad que se sintió en el Movistar Arena fue sobrecogedora.

Pero el show no acababa ahí y siguió con “In The Name of God”. El público, incansable, continuaba saltando y cantando, fascinados con el despliegue de energía y virtuosismo que mostraban estos cinco músicos que se encuentran entre los mejores del mundo. Al finalizar, la banda agradece a los asistentes y se retira del escenario, pero nadie se mueve de su puesto y todos piden diferentes canciones para que la presentación continúe. Faltaba algún tema más antiguo, de los primeros discos, y posiblemente muchos esperaban oír “Caught in a Web” o “Metropolis pt I”.

El elegido fue el último corte de “Black Clouds & Silver Linings”, titulado “The Count of Tuscany”. Petrucci y Rudess se quedan solos en el escenario mientras las pantallas muestran miles de estrellas, en otro momento muy emotivo y armonioso. Como si el concierto estuviera recién comenzando, el público disfrutó cada acorde de este tema y lo cantó junto a la banda de principio a fin.

Luego de una hora 40 minutos de una impecable ejecución musical y de una casi palpable cercanía con el público, el show llegó a su fin, dejando la sensación de que se podrían haber tocado más canciones, pero con la satisfacción de haber asistido a uno de los espectáculos más virtuosos que se pueden ver. Dream Theater se despidió de sus fans en medio de una inacabable ovación (que continuó hasta la salida del Movistar Arena e incluso hasta el estacionamiento), demostrando una vez más que Chile es, sin duda, uno de sus lugares favoritos para tocar, y a pesar de todos los eventos recientes, nos entregaron un momento lleno de emoción, habilidad musical y deleite.

Por Isabel Mallea
Fotos por Bianca Zapata