Obituary: los maestros de Florida hacen sudar al Rock & Guitarras

Si alguien por un momento había olvidado quién es Obituary, el quinteto de Florida en persona afirmó por qué es maestro en su estilo. En un show potentísimo, la banda ofreció su versión del death metal, una cargada de medios tempos transformados del thrash sumados a la desgarradora y particular voz de unos de los fundadores del género en Estados Unidos.

El show comenzó con la presentación de la banda local Orategod, que abrió para el público que a esa hora se instalaba en el Rock & Guitarras, aunque todavía una gran cantidad de asistentes deambulaba en los alrededores. Una actuación sólida que demuestra que el trabajo y la persistencia rinden frutos.

Obituary apareció en el escenario con un retraso de casi media hora. La temperatura reventaba el lugar, que se hizo incómodo para el público y la propia banda que apenas podía desplazarse sobre el escenario, cuya única ventaja es que admite una cercanía que difícilmente se experimenta en otros recintos. “List Of Dead” anuncia lo que será la jornada, con un sonido aplastante, pero aún así entendible y una batería muy definida. Le seguirían clásicos del disco “Cause Of Death” que dejarían estrujando las poleras a la fanaticada más fiel del death metal que se transformó en una masa al son de los cortes que venían.

No pudo dejar de llamarme la atención la performance de John Tardy, a quien noté preocupado, ido, aunque sin dejar de lado una entrega vocal del ciento por ciento. Ni tampoco un polerón que vistió estoico en medio del calor inhumano que se vivía dentro del local. Trevor, por su parte, demostraba cuanto peso tiene en la creación y dejaba claro que es fanático de las stratocaster. Destacadísimo el trabajo del bajista Terry Butler (Death/Six Feet Under) quien potencia los temas con la solidez que se necesita para una performance en vivo.

La primera guitarra, y como lo es ya desde 2007, está a cargo del conocido maestro Ralph Santolla, quien manejó el show con propiedad como si fuese el miembro más antiguo de la banda. Es que el tipo tiene oficio y llamó al público a cantar, saltar y gritar por Obituary. Cuando vino el corte había transcurrido exactamente una hora de recital. La verdad es que pasó muy rápido y faltaban muchos temas. Tras unos minutos entra Donald para hacer un solo de batería y dar inicio a la última parte del show con un público cada vez mas enganchado, al punto de desbordarse al escenario. Era la hora del “Slowly We Rot”. El anuncio del tema ya nos dejaba con ganas de más, pero esta interpretación en una versión aun más densa y desgarradora en las guitarras cerraba todo y a descansar. La banda se despidió fugazmente del público e incluso John abandonaba antes el escenario.

Un gran show que dejó en claro una vez más el poder del death metal de Florida, con ese toque que los diferencia de otras agrupaciones. Encierro este show, más los de Entombed y Malevolent Creation en un mismo baúl de los recuerdos. Para no olvidar.

Por Sergio Evans
Fotos de María Loreto Correa

Angra pulsa marcha atrás e interpreta un manojo de clásicos de sus primeros discos

Ricardo Confessori regresó a su alma mater cual hijo pródigo. El baterista que formó parte de la alineación que registró dos álbumes clásicos dentro de la discografía de Angra -“Angels Cry” y “Holy Land”- asumió la vacante dejada por su colega Aquiles Priester, quien allá por 2001 y tras la división de caminos entre los guitarristas y el resto de los músicos lo reemplazó para grabar tres placas junto a los brasileños. Esta vez, el repertorio escogido remitió de forma manifiesta a su retorno.

La presencia de Confessori en la gira que culminó en el Teatro Caupolicán configuró de algún modo el puzzle tal cual se le conoció, con Kiko Loureiro y Rafael Bittencourt en las seis cuerdas, ejecutando un heavy metal con tintes progresivos y una cadencia latina inconfundible. Y en este escenario Edu Falaschi, un intérprete sólido que calzó con oficio los zapatos legados por André Matos, todavía encuentra en éste un referente en sumo desafiante.

Angra encendió de inmediato al público con un imperdible de su repertorio. “Carry On”, un tema de aquellos que suelen reservarse para un cierre monumental, pero que en esta oportunidad fue de la partida, ensamblado con “Nova Era”, del primer álbum después de la reformulación.

Un electrizado Edu Falaschi sorbía agua mineral desde una botella dispuesta a un costado del escenario y luego la expulsaba en intervalos en forma de géiser. El vocalista anunciaba la interpretación de un corte inédito para las audiencias chilenas, “Silence and Distance”, que imprimió una atmósfera emotiva dentro del show, como también ocurriría con “Rebirth”, que comenzó de manera acústica y con todo un teatro haciendo coro.

“Carolina IV” de “Holy Land”, el disco conceptual sobre el descubrimiento de Brasil que incluyó percusiones autóctonas, sacudió a los seguidores. En “Nothing To Say” la efervescencia de los asistentes, entre ellos varios púberes embelesados por la maestría de los músicos, alcanzaba su cima. La coronación del arrebato fue la irrupción de una joven sobre el escenario, quien resistió varios segundos aferrada a la cintura de Edu Falaschi, en tanto un guardia y producción forcejeaban para devolverla a cancha.

El setlist también incluyó cortes extraídos de los discos que no contaron con Ricardo Confessori en batería, como “Millenium Sun”, “Acid Rain”, “Spread Your Fire”, “The Course Of Nature” y “The Voice Commanding You”, temas que favorecen el despliegue de Edu Falaschi, porque fueron diseñados para sacar lustre a sus fortalezas vocales.

Veinte minutos después del concierto Angra ofreció un meet and greet que congregó a medio centenar de fanáticos provistos de varias carátulas y afiches adquiridos en el puesto de merchandising. Situados detrás de un mesón, los músicos firmaron el material y se retrataron infinitas veces hasta que la estricta manager decretó el epílogo de la actividad. La banda hacía un breve adiós con las manos y se alistaba para el concierto del día siguiente en Buenos Aires.

Haggard: los cuentos de Ithiria conquistan Chile

Viernes 18 de diciembre 20.30 horas. La ansiedad se apodera del público afuera del Club Cadilac. La fila avanza con lentitud, retrasando la primera presentación en Chile de una de las bandas más alucinantes que el underground alemán ha engendrado durante los últimos años. Haggard, quienes gracias a una numerosa legión de músicos y su original fusión de música clásica y medieval sin abandonar la consistencia del metal, convierten su show en uno diferente a todo lo visto dentro de la música extrema.

Aunque se tiende a pensar que estas agrupaciones son incapaces de reproducir en vivo sus registros de estudio, llegando a recibir el rótulo de sobreproducidas por los bangers más radicales, no es el caso de Haggard, una banda que en directo suena en extremo orgánica, compacta y contundente y presenta sus cortes en forma fluida, brindando momentos llenos de épica y misticismo.

Antes del inicio hubo una espera de casi una hora debido a problemas con la disposición del público dentro del recinto y una fugaz prueba de sonido. La dilación fue recompensada con un recorrido musical que bordeó la hora y media, donde el vocalista, guitarrista y compositor Asis Nasseri y los otros 12 músicos sobre el escenario repasaron clásicos de sus discos “And Thou Shalt Trust The Seer”, “Awaking The Centuries”, “Eppur Si Muove” y su placa de 2008, “Tales Of Ithiria”.

La acústica del lugar, junto con el buen desempeño del sonidista -quien no estuvo ajeno a problemas de amplificación- ayudaron a que la banda ofreciera apabullantes versiones de “In a Full Moon’s Procesion”, “The Sleeping Child” y “Upon Fallen Autumn Leaves”, en los que la guitarra de Asis junto con la soberbia percusión de los timbales y el bombo impactaban directo al público como un auténtico cañonazo. Los instrumentos de cuerda y de viento se dejaron oír con claridad. Mención aparte para la excelente performance del tecladista Hans Wolf y la sólida voz de la hermosa soprano Su Ehlers, quien embrujó con sus seductores movimientos e innegable dominio escénico.

Cuando la velada estaba a punto de finalizar, Haggard se echó al bolsillo a los asistentes interpretando el himno nacional solo con las cuerdas clásicas, mientras toda la gente entonaba la letra a viva voz y Su y Fiffi -segunda voz masculina- sostenían una bandera chilena lanzada por el fans club local. Acto seguido, los bangers comenzaron a pedir enfervorizados dos clásicos: “The Final Victory” y “Awaking The Centuries”. Este último desató un ambiente de celebración y jolgorio como si hubiese sido una fiesta thrash medieval. La gente del medio saltaba, cantaba y se empujaba al punto de formar un pequeño gran moshpit que sirvió de broche de oro para una noche memorable.

Asis prometió volver a tierras chilenas el año entrante. Después de semejante despliegue no queda más que esperarlos con ansias, puesto que ésta fue sin dudas unas de las presentaciones más contundentes de 2009. En lo personal me hubiera encantado disfrutar aún más de este concierto con el plus de ver repleto hasta más no poder el Club Cadilac. Las páginas de los Cuentos de Ithiria se cierran por el momento, esperando ser abiertas en una próxima oportunidad para llenar los sentidos de fantasía y magistrales acordes interpretados por 13 guerreros de acero inoxidable… que sean 18 para la próxima. La victoria final es de los bangers chilenos.

Video gentileza de Akerbel
Por Rodrigo Bustamante Fuentealba

Venom celebró una masiva misa negra en el Caupolicán

El veterano Chronos aún rockea. Bajo la penumbra que lo acoge cuando asoma al escenario, el pelirrojo enseña una sonrisa malévola y observa al público asombrado por la multitudinaria legión que todavía se contorsiona al compás de “Black Metal”, un himno que sin proponérselo inventó una nomenclatura y una iconografía para un nuevo subgénero que abriría suculentos capítulos en la historia del estilo.

La jornada del 9 de diciembre en el Teatro Caupolicán congregó a un público que solo resucita cuando está frente a los patriarcas. Esos looks ochenteros y aquellas chaquetas de mezclilla sin mangas tapizadas de parches no se ven todos los días. Y lo interesante es que esa estética, y los referentes musicales de quienes hicieron camino en el género, han cautivado a una nueva generación que fascinada se transportaría a los tiempos del intercambio de cintas y los conciertos en el Manuel Plaza.

Por ello, no hubo mejor aperitivo que dos bandas que participaron de los albores del metal en Chile. En primer término Atomic Aggressor, quienes de un tiempo a esta parte retomaron las presentaciones sumando noveles fanáticos a sus huestes. Y como segundo acto, Pentagram, íconos en la escena criolla a pesar de su breve discografía. El público los ama y tal como sucedió hace unos meses en la Cumbre del Metal, su presentación culminó con un mosh endemoniado a petición de Anton Reisenegger.

Pero la noche tenía un nombre. La cancha del recinto lucía repleta y cada tema del power trío británico producía más exaltación que el anterior. El público envalentonado repetía mortales intentos de stage diving e incluso en un momento pareció que un muchacho sufría los efectos de su osadía, pues tardó unos 20 minutos en reunirse con la masa, luego de recibir asistencia de una técnico paramédico. Asimismo, un par de ambulancias aguardaba en la parte posterior del coliseo y hubo quien requirió de un balón de oxígeno para salir del lugar.

A un costado del escenario, una chica agitaba su cabeza haciendo un remolino como si fuese objeto de un exorcismo. De fondo, “In League With Satan”. Un guardia de seguridad a no más de un metro de distancia la miraba con actitud de desconcierto, y así, en cada rincón del teatro cada quien vivía su propia ceremonia. La mayoría, de reencuentro con los primeros álbumes que incorporaron contenidos blasfemos al heavy metal. Aunque ahora sus herejías causen más hilaridad que temor.

Fear Factory: el seductor arrullo de las máquinas

Muy pocas bandas pueden arrogarse la innovación como una de sus virtudes. Y dentro de una elite numerada con los dedos de ambas manos Fear Factory es una de las agrupaciones que sobresale. En lo noventa reivindicó el empleo de sintetizadores para nutrir su sonido de un nervio nunca antes pulsado y también por la atrevida introducción de voces limpias en el death metal. Méritos suficientes para conservar un sitio de respeto en la escena.

Aunque su último álbum data de 2005 y está vigente un ingrato litigio entre esta alineación y dos ex miembros que actúan bajo el mismo nombre, Fear Factory ofreció un sólido concierto que compiló lo más elogiado de su discografía. El setlist incluyó muchos cortes de “Demanufacture”, el álbum que definió su marca de fábrica, y trajo de regreso las guitarras punzantes del robusto Dino Cazares, lejos el más aclamado por la audiencia.

Mientras, la silla de la batería que antes ocupara Raymond Herrera hoy es propiedad de Gene Hoglan, un músico de renombre que ha militado en Dark Angel y Strapping Young Lad. Una formación de lujo que completan el versátil vocalista Burton C. Bell, y el bajista Byron Stroud. Solo cuatro en el escenario, pero con la potencia arrolladora de un misil apoyados por vigorosas bases electrónicas, triggers y efectos incorporados en una proporción precisa.

Fear Factory permaneció sobre el escenario una hora y veinte minutos. No hubo bises, sino que ofrecieron un recital compacto solo interrumpido para los agradecimientos y presentaciones de rigor, instantes en que a Burton C. Bell se le quebró la voz y emitió algunos “gallos” que provocaron bromas entre el público. Un show que dejó satisfecho al millar de fanáticos que acudió al Teatro Teletón, con un repertorio focalizado en sus placas más notables y un fugaz adelanto de su próximo disco de estudio, “Mechanize”, fechado para 2010.

Setlist:
Shock
Edgecrusher
Smasher / Devourer
Martyr
Scapegoat
Crash Test
Linchpin
Powershifter
Resurrection
Demanufacture
Self Bias Resistor
Zero Signal
Flashpoint
H-K (Hunter Killer)
Pisschrist
Replica