Fran Muñoz y el metal chileno: “El problema es el público”

Baterista, tatuador e ilustrador. Las tres identidades de Fran Muñoz coexisten sin problemas y a menudo una o más de sus aficiones se yuxtapone a la otra. En Dorso, la longeva y fundamental banda chilena donde parece halló su morada definitiva, ha hecho de todo. Desde ocupar con propiedad el sillín de la percusión a inmortalizar su arte en las portadas de los álbumes y las pieles de los demás músicos. En las próximas líneas, Fran Muñoz revela algo de sus orígenes y reflexiona sobre la escena criolla.

– Tu carrera como baterista comenzó siendo adolescente, ¿cómo nació el interés por formar parte de una banda y qué factor resultó gravitante en la decisión de tocar y no ser un espectador más?
– La verdad no me imagino haciendo otra cosa ni tocando otro instrumento o estilo. Comencé a los nueve años tocando guitarra y rápidamente a los 11 me di cuenta que la batería era lo mío. Me pareció un instrumento intuitivo, físico y podía desarrollarme de forma más autodidacta. ¿Por qué músico y no solo un espectador? No sabría explicarlo, creo que cuando veo un show en vivo de metal me tiritan las manos y quiero estar arriba del escenario tocando en vivo. Aún me emociono antes de salir a tocar y espero poder seguir haciéndolo durante harto tiempo más.

– ¿Qué recuerdas de tu paso por Nous?
– Nous fue mi primera banda, con la cual hice mis primeros shows en vivo, mi primera grabación en un estudio, mi primera carátula -aún recuerdo que la primera carátula la hice con lápices de colores jeje- primeras apariciones en TV, etc… ¡La mayoría de sus miembros siguen siendo grandes amigos!

– Darkemist surgió en ese tiempo, ¿qué significó tu participación allí y en qué estatus se encuentra la banda?
– Claro, con Darkemist nos conocimos en el colegio y tuvimos logros importantes a mi gusto, cosas que no había hecho hasta la fecha, y fue un constante aprendizaje de cómo llevar una banda de colegio a transformarlo en algo más serio. Sacar discos, promocionar nuestro material dentro y fuera de Santiago, abrir el show a bandas extrajeras etc. Ya no formo parte de Darkemist, pero tengo entendido que siguen tocando.

– Como baterista, ¿cuál es el aporte que les cabe a estos músicos en la composición, o estimas que su función consiste más bien en secundar las ideas propuestas por las guitarras?
– Pienso que mi aporte como baterista en las bandas que he estado siempre han ido más allá de presentarme a los ensayos y pegarle a la bataca. Siempre trato de dar ideas en los ensayos o incluso llego con ideas más armadas ayudándome de midi, bases melódicas y letras. Lejos los mejores temas que he hecho han sido con el aporte de todos los miembros de la banda.

TATUAJES: DOLOR, OFICIO Y ARTE
– ¿La afición por el tatuaje data de la misma época?, ¿qué te atrajo de esta expresión?
– La relación y compromiso entre artista y cliente que se da en el arte del tatuaje. Siempre tuve afición por el dibujo. Más grande me llamó poderosamente la atención el trabajo de artistas como Derek Riggs, H.R. Giger, Paul Booth, M.C. Escher. A los 13 años me hice mi primer tattoo y a los 15 ya estaba tatuando a mis amigos que tenían tatuajes medios fuleros así que ellos también me incentivaron a que prendiera la máquina. También debo admitir que ese tabú, el dolor y toda esa cosa visceral que rodea el mundo de los tatuajes siempre llamo mi atención. Es arte y oficio llevado a su mayor expresión.


– ¿En qué proporción divides tu tiempo entre ambas ocupaciones?
– Trabajo de manera independiente. El tatuaje y el diseño es mi ocupación como de horario de oficina por decirlo de alguna forma, así que es un poco más flexible que la mayoría de mis compañeros de banda que cumplen con horarios en sus pegas, así que trato de manejarme con esos tiempo para coordinar con los demás. Pero admito que la música es mi prioridad de tiempo completo, mientras tatúo también pienso en eso.

– ¿Cuál es tu percepción sobre el momento actual del tatuaje en Chile?, ¿qué te parece el nivel de los artistas, asistes a convenciones para observar el trabajo de otros profesionales?
– El nivel del tatuaje en Chile ha subido de manera increíble, hay muy buenos exponentes para cada estilo. Lo que tiene que cambiar es la mentalidad del cliente que debería elegir a los tatuadores por su estilo y no forzarlos a salir de su territorio artístico. En mi caso se ha dado de forma muy gradual y hoy en día la gente ya me reconoce y me busca por mi estilo. Hace mucho tiempo que no voy a las convenciones por motivos de tiempo y creo que tampoco soy muy competitivo así que no creo que ganaría premios :P . De todas formas he ido como espectador.

“NUESTROS MEJORES EXPONENTES TERMINAN AFUERA”

– ¿Que opinión tienes del uso de máquinas al momento de hacer baterías?, ¿lo apoyas como complemento o prefieres el sonido más natural?
– Me gustan las dos. Ninguna de las dos afecta la interpretación, en mi presentación con Dorso para Rockaxis TV armé un kit electro acústico. Muestra un poco mi interés en experimentar. En estudio uno tiene el tiempo y comodidad de procesar el sonido en post del producto final, pero debo admitir que para las tocatas en vivo no hay nada como el sonido acústico que me gusta más ya sea como músico o espectador.

– ¿Como ha sido la experiencia de unirte a Dorso?, ¿te acomoda como proyecto definitivo o tienes ideas para formar algo aparte?
– En los cuatro años que llevo tocando ha sido una gran experiencia. Nos hemos cohesionado como banda y en el último disco se siente que estoy participando más en las composiciones y en los aspectos de diseño lo cual me llena de orgullo. Sí, me acomoda como proyecto definitivo y creo que estoy suficientemente cagado del mate como para seguir en Dorso jejeje. No descarto la participación en otros proyectos ni retomar proyectos anteriores como Fastidio o Húsar.

– ¿Como proyectas el futuro del metal en Chile tomando en cuenta que el registro y el equipamiento ya no constituyen un obstáculo?, ¿que le sumarías para potenciarla?
– Creo que las bandas están haciendo un increíble trabajo. El problema es el público, cuando se den cuenta que si no van a apoyar a sus bandas en vivo ni compran sus discos, nunca tendremos una verdadera escena y siempre miraremos hacia afuera. No tiene sentido ser el mejor público para las bandas extranjeras si no lo somos para las nuestras. Y nuestros mejores exponentes terminaran desarrollándose afuera. Pero últimamente he sentido increíbles gestos de apoyo que me hacen sentir que hay muchas esperanzas y futuro para el metal chileno.

– Como es costumbre, las últimas palabras son tuyas. Saludos y muchas gracias por tu tiempo.
– Quiero darles las gracias por esta entrevista. Magazines webzines y fanzine como la de ustedes son pieza fundamental para que la música under siga viva. Cada vez nos vemos más rodeados de información basura en la TV y radios con contenido de escaso intelecto, que jamás darán espacio a lo que nos gusta. Pero gracias a estos medios podemos decir fuerte y claro que no los necesitamos. ¡Gracias!

Texto por María Loreto Correa
Fotografías extraídas de Dorso.cl/Gentileza Fran Muñoz

Luminarias del heavy chileno protagonizaron Leyendas del Rock

El heavy metal nacional tuvo su fiesta. Y aunque la taquilla estuvo muy por debajo de la Cumbre del Metal Chileno, el símil natural al momento de las comparaciones, los asistentes a Leyendas del Rock disfrutaron del privilegio de tener sobre un mismo escenario a una tríada icónica dentro del género en este rincón del mundo: Dorso, Panzer e Inquisición.

Es la segunda vez en el año que un festival ciento por ciento chileno adquiere la connotación de un gran evento. El recinto escogido es un teatro de envergadura y los números de fondo son bandas nacionales que acreditan una trayectoria tan extensa como prolífica. Leyendas del Rock colocó el acento en el heavy metal, concertando en el mismo lugar a los precursores del género y los nombres que se incorporaron a la escena durante años más recientes.

El show comenzó de manera tibia con La Máquina, sucedido por Alto Voltaje y Battlerage. Entonces vendría el turno de Inquisición, la banda de Manolo Schafler sindicada como pionera en el estilo en la escena chilena y que repasó los hitos de su carrera junto con brindar un apronte de su próximo álbum, tentativamente titulado “Opus Dei”.

El fervor de la audiencia alcanzó su máxima expresión durante la presentación de Rodrigo “Pera” Cuadra y compañía. Cubierto con una máscara de reptil, el vocalista de Dorso aprovechó de anunciar la celebración de los 25 años de carrera de la banda y lanzó al público la más reciente polera del cuarteto, aún inédita en el mercado. Una lástima que antes del acto de cierre se retirara una importante fracción de personas. Justo cuando los veteranos Panzer ofrecían lo mejor de su rockero repertorio.

Cumbre del Metal Chileno honró a pioneros del género

A las cuatro de la tarde en punto comenzó un encuentro de antología en el majestuoso Teatro Caupolicán. Warpath fue el encargado de abrir una jornada repleta de emociones ante una heterogénea concurrencia. Había veteranos ansiosos por escuchar en vivo a sus héroes de adolescencia y una audiencia más joven, casi extraída desde una cámara de criogenia de los ochenta, que lucía chaquetas de mezclilla sin mangas, poleras blancas, zapatillas ídem y el distintivo corte de pelo thrasher.

En verdad fue asombroso constatar cómo disfrutaba todo ese público amalgamado en un evento de tal magnitud. Era el turno de los master de Nuclear con un show demoledor, thrash metal al hueso que en vivo suma fuerza y agresión. A mi juicio debieron estar más hacia el cierre y fueron quienes tuvieron el mejor sonido, considerando que todo el show mantuvo un nivel de excepción.

En tercer lugar vendría Kingdom of Hate, quienes me sorprendieron por la frescura de su propuesta, sin perder los riffs típicos de guitarra, excelente definición de ideas y un trabajo vocal bastante contemporáneo que aporta un toque distinto a esta apuesta de metal chileno.

Era el tiempo de la ola death metal con Execrator. Aquí ocurrió algo con el sonido. No sé si producto de tantos cambios, pero en algo bajó la recepción, lamentablemente cuando hablamos de un estilo que requiere de precisión para que todos los cortes se entiendan. Le sucederían los maestros de Sadism, a quienes sigo desde sus inicios. Alguna vez a principios de los noventa tocaron en Rancagua y quedaron botados tras el show. Cuento corto, la media patota de tipos terminó en mi casa. Inolvidable. Me sucedió algo extraño y no es primera vez. Ya en Morbid Angel sentí lo mismo. Aunque los músicos tocan mejor que nunca no consigo distinguir los tramos pegados de sus temas, sobre todo de los clásicos, que como devoto de la banda seguí casi por instinto. Quizá haya que chequear el sonido en vivo.

A esa altura el lleno era total y salen al escenario los veteranos de Slavery, quienes tampoco alcanzaron su más alto nivel en vivo. Destacable la incorporación en la batería de Gabriel Fierro, quien le da un toque mucho más técnico y veloz a las bases.

Era la antesala del plato de fondo, una de las bandas más longevas de la escena: Dorso. Tal como cuenta Rodrigo “Pera” Cuadra en su presentación con clavos de cuatro en los brazos y la habitual puesta en escena. Aquí el sonido retomó su claridad y aunque jamás ha sido mi banda favorita, su presentación fue de lujo. Una de las más potentes e incluso superior a la de los esperados Pentagram. Hay que ser justo y decirlo.

Ya ansiosos por ver lo que nos presentaba Pentagram, los nervios provocaron una falta de coordinación en los minutos previos al inicio del show. La intro salió antes que los músicos estuvieran dispuestos para comenzar, aunque ello no disminuyó un ápice el interés del público. Todos sabemos que su repertorio no es el más amplio, pero verlos tocar y sonar como una de las bandas con más proyección de la época es impagable.

Inician una seguidilla de tracks de sus dos demos más unos insertos (covers) de sus mayores influencias: Slayer, Venom y Exodus.

A esa altura la potencia era máxima, todos coreaban los temas y los covers. Anton llamó a hacer el mosh más grande de la historia y el teatro se movía como un mar picado. El éxito fue total y Pentagram se despidió de su fiel público repitiendo un tema de su breve setlist. Era el cierre de la primera cumbre, una que rescató a las bandas pioneras del metal en Chile. Obviamente faltaron nombres, pero fue un paso importante y no dejamos de pensar en una segunda versión e incluso una tercera, segmentando por períodos y subgéneros.

Por Sergio Evans
Fotos por Bianca Zapata y María Loreto Correa