Los segundos de gloria de los fans de LM.C


El movimiento de manos de Maya y la mirada claramente dirigida hacia la tribuna alta del Normadie bastó para que dos frenéticos adolescentes se dieran por recompensados. Pero un centenar de fanáticos más ortodoxos demandó un encuentro más próximo con sus ídolos en la forma de un fugaz intercambio de palabras, si es que cabe entre dos personas que no hablan la misma lengua, y que les significó pagar la nada despreciable suma de 60 mil pesos.

El nuevo concepto acuñado por las productoras, el “meet and greet” o “conocer y saludar” traducido al castellano, no pudo ajustarse mejor a su definición. Porque los fanáticos vieron a sus estrellas por escasos segundos, medio nerviosos besaron sus mejillas y rozaron sus manos y fueron despedidos en un santiamén obsequiándoles una postal de su último disco previamente autografiada. Todo supervisado por un estricto grupo de asistentes que velaba por el cumplimiento de los rígidos cánones nipones.

Fue el souvenir más caro de sus vidas. Aún así, los fans salieron del teatro estremecidos, estrechándose en apretados abrazos como si acabaran de asistir a la aparición de un santo. Es que las corrientes musicales provenientes de Japón despiertan pasiones incomprensibles para quien la expresión superlativa de un ídolo musical es Iron Maiden o en el último de los casos, un baladista pseudo romántico de la escuela de Marco Antonio Solís. Aunque en esencia todos los fanatismos compartan patrones similares.

Los muchachos siguen los coros interpretados en japonés, emulan el estilo de vestir de sus íconos, su manera de peinarse y desembolsan cuantiosos montos a una edad en que todavía dependen del poder adquisitivo de sus padres. Quizá por ello otro centenar de chiquillos, menos afortunados, siguió todo el recital abrazado a las puertas del teatro, apelando a la misericordia de la producción para ingresar por menos de los 20 mil pesos que costaba el boleto más barato.

Superado el obstáculo del dinero, los fans enfrentaron una segunda limitación. Nada de fotografías. Fue un requerimiento expreso de la banda y una comitiva de manejadores de ojos rasgados obligó a los jóvenes a desprenderse de cámaras compactas y teléfonos celulares antes de acceder al recinto. Así, terminado el concierto, una fan de Coquimbo se debatía entre aguardar a que el staff dispusiera de tiempo para devolverle su cámara o correr al terminal para alcanzar el bus de regreso.

Al interior del teatro se respiraba un aire húmedo y pringoso. La que apareció en el escenario fue una banda que respondió al estereotipo de rockero japonés. Hombres que fácilmente pasarían por mujeres. Maquillados y de piel tan tersa que ya se la quisiera una marca de cosméticos. El idioma fue un detalle. Luego de una tanda de canciones, Maya consultaba un ayuda memoria de frases hechas en castellano y mascullaba expresiones ininteligibles en japonés que el público respondía como si las comprendiera a cabalidad. Y es que no importaba lo que dijera o interpretara. Ni siquiera la gárgara de agua mineral que lanzó sobre la primera fila. Porque un ídolo merece concesiones inimaginables para el resto de los mortales.

María Loreto Correa (174 Posts)

Periodista, fotógrafa y webmaster. Si necesitas corregir, transcribir o traducir, visita www.ojocomunicaciones.cl


One thought on “Los segundos de gloria de los fans de LM.C

  1. Las bandas J-Rock son particularmente raras. En Japón, estas agrupaciones son tratadas como semidioses y los miembros se asumen como tales. Los ademanes escénicos son llevados al trato con los fans. Tenemos a Mana de Moi dix Moix que no dice una palabra, porke así es su actitud en el escenario.
    Eso sí, los fans son tremendamente leales. Lo que deben de pagar por un poster, un disco o una playera es demasiado alto (50 dólares por..una revista que tiene a L’arc en ciel en portada!)

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