Review: Ana María Barajas

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Ana María Barajas
Marea Lunar
Independiente
2014

La colombiana Ana María Barajas celebra su mestizaje latino. La cantante funde variadas influencias en su primer trabajo como solista, el EP “Marea Lunar”, donde navega por géneros que van desde el folclor andino hasta los sonidos tropicales. Y aunque hoy vive en Estados Unidos, esta versátil intérprete denota un bagaje que comprende música clásica y tradicional, la que desarrolló durante años en un ensamble vocal, y rock sinfónico como líder en la banda Nova Orbis.

Editada de manera independiente, “Marea Lunar” contiene cuatro piezas de su completa autoría, excepto “Morfeo se duerme”, donde Rodolfo Cáliz colaboró en los arreglos. La obra principia con “Babel”, que como la torre de referencias bíblicas, dialoga en inglés y castellano mientras de fondo se escuchan percusiones tribales. Le sigue “Morfeo se duerme”, un tema en español de corte pop electrónico y “Bold Love”, escrita en inglés para piano y violín y la pieza más lírica del trabajo. De regreso a su lengua nativa y a modo de conclusión continúa “Hilos”, donde reaparecen los tambores originarios.

En “Marea Lunar” la voz y poesía de Ana María tienen total protagonismo. Una obra breve, íntima, pero de alto nivel y que advierte sobre un nuevo talento surgido desde el underground. Este trabajo está disponible en formato digital a cambio de una donación voluntaria, a través de la página web de la artista. Allí también pueden consultarse otras participaciones de la cantante, que además de frontwoman en Nova Orbis participa como invitada en álbumes de Beto Vásquez y Clair de Lune Morte.

Sociólogo publica libro sobre el surgimiento del thrash en Chile

El metal chileno se rehúsa a abandonar las estanterías. Esta vez el volumen nace de la pluma del sociólogo y fanático del género Maximiliano Sánchez, quien abordó el origen de la escena thrash local en su tesis de grado, mismo trabajo que durante marzo publicará en formato libro a través de RIL Editores, bajo el título de “Thrash metal del sonido al contenido: origen y gestación de una contracultura”.

La investigación inicial le tomó cerca de un año, pero la obra que llegará a las librerías viene recargada con biografías, fotos y datos que no aparecieron en la memoria presentada en la Universidad de Chile. “Hacer coincidir esta nueva información, de un carácter mucho más lúdico, y hacerla calzar con información más académica fue todo un tema. Eso me tomó varios meses entre las correcciones mías y de la editorial”, explica el autor. “Mi idea siempre fue que el texto fuese entretenido de leer por todos, espero haber logrado ese propósito”.

– ¿Hablas solo de Santiago o también de lo que sucedía en otras ciudades?
Hay referencias al metal en regiones, pero sólo a nivel más descriptivo. Bandas, producciones, lugares de reunión y una que otra anécdota, pero el análisis más sociológico del metal como cultura se centró en Santiago y en lo que pasaba acá. Las personas entrevistadas también. De todas formas es algo lógico, la cosa nació en Santiago a pesar de que se diga en 1985 ya había thrashers en otras partes de Chile. Eso efectivamente fue así, pero era un hecho muy aislado y no era posible hablar de un movimiento organizado.

– Durante los últimos años se han editado los libros “Retrospectiva al metal chileno” y “Pájaros negros”, ¿qué atractivo posee este tema para el público y cuál piensas que será el aporte de tu propia publicación?
“Pájaros negros” son historias y crónicas que no necesariamente hablan de los orígenes del metal, inclusive se entrevista a Nuclear que es una banda actual. Por su parte “Retrospectiva al metal chileno”, a pesar de su énfasis en lo descriptivo e iconográfico, me parece notable, sobre todo esto último, además que el autor rescata información muy valiosa de bandas y fanzines que prácticamente no se conocían. Ambos trabajos son importantes, entre más se escriba de esto mejor y es de esperar que la gente responda en cuanto a la compra de dichas producciones. Se escribe tan poco de esto que sería bueno que el público respondiera. Así yo y otros más se motivarían a continuar en esto. Siento que mi trabajo tiene el valor agregado de entender al metal como una cultura y revindicar a los metaleros como tal, como una contracultura que se gestó en un contexto de dictadura y que de una u otra forma eso afectó la configuración del movimiento. Es bueno dejar en claro que antes y ahora también, el metal siempre ha estado inserto dentro de un sistema cultural, comunicacional y musical dominante y que eso explica en parte muchos de sus elementos reactivos. En el fondo quiero que todos entiendan que el metal es un arte como cualquier otro y que sus expresiones, aunque parezcan un poco más alocadas, están motivadas por algo y aunque no lo parezca sí tienen una explicación racional.

– Sobre lo mismo, ¿piensas que existe una suerte de idealización de una época que no tuvo nada de idílica?
De acuerdo con que no tuvo nada de idílica. Eso también te lo puede corroborar Fabio Salas, que es un destacado académico y escritor en temas de rock que desmitifica toda esta “pomada” que algunos medios han estado vendiendo de los años ochenta. Obvio que existe una idealización pero creo que más por parte de quienes vivieron esos momentos. Es cosa de verlo a nivel político, existe como una suerte de romanticismo respecto de esa época, además que los medios se han encargado mucho de sobrevalorar esa época, no sé con qué afán. Los ochentas tienen una cara bien fea que espero algún día se sepa verdaderamente y en ese instante me gustaría saber qué opinan aquellos que dicen que les gustaría volver a esa época.

Sobre la idealización del metal de los ochenta, claro que muchos lo hacen, pero creo que es por culpa de nosotros, las generaciones posteriores, que no hemos sabido mantener y perfeccionar ese tremendo legado que se dejó. A diferencia de lo que pasó en los ochenta, hoy en día existen muchas cosas nefastas en la escena, como por ejemplo que la gente no asiste a eventos si no te venden alcohol, van más por el carrete que por la música, restringen la entrada a menores de 18 años que son muchas veces el público más fiel, y que con suerte van cien personas a un concierto de bandas chilenas. Quizá esas sean cosas que los thrashers de los ochenta no vivieron y es por eso que extrañan todo lo lindo de esa época. En lo personal les encuentro toda la razón que idealicen esos momentos, ya que a pesar de que hoy tenemos todos los elementos que en los ochenta carecieron, esto no se ha traducido en una mejora en la escena nacional, ya que esta se encuentra muy fragmentada lo que impide que crezca como conjunto. Es curioso, pero a pesar de haber más público y bandas, Chile no ha logrado el despegue internacional a las grandes ligas. Materia prima hay de sobra, pero algo pasa.

“Thrash metal del sonido al contenido” está en etapa de distribución y de momento sólo es posible obtenerlo a través de Maximiliano, a quien pueden contactar mediante su cuenta de Twitter.

Galería: Convención de Tatuajes Pichilemu Ink

Agujas, tinta y la capital criolla del surf. Un cóctel irresistible para la veintena de tatuadores que asistió a la segunda versión de la Convención Pichilemu Ink, celebrada durante los días 1 y 2 de febrero. Los participantes desarrollaron obras en las categorías negro y gris, full color, tradicional, oriental, realismo y dark side. En la jornada también hubo una muestra de suspensión corporal en manos de Javier Fingazz, Mauricio Torres y otros modificadores sudamericanos y graffiti a cargo de Philippe Carrera.

Eli Vásquez, vocalista de Six Magics: “Para avanzar hay que hacer cambios”

“Falling Angels” ya cumplió un mes en las estanterías y la cantante Elizabeth Vásquez resume su espíritu. “Nuestra nueva producción tiene toda la variedad estilística que nos representa a cada uno de nosotros. Hay desde temas muy rápidos con una clara influencia heavy hasta otros con un poco de sonido más industrial”, asevera la vocalista sobre el cuarto álbum de estudio de Six Magics. En las siguientes líneas, la intérprete que antes fue manager habla sobre su incorporación a la banda, del metal de antaño y cómo la música aligeró la carga en su doble batalla contra el cáncer.

– Tu llegada a la banda se gestó de una manera poco convencional. Fuiste manager durante muchos años y pasaste del costado del escenario al centro de él. Con dos discos publicados y una gira de varias fechas en Europa, ¿cuál es tu evaluación de todo ese proceso?
– La verdad es que ya van a ser cinco años que estoy en la banda como cantante. Ha sido una de las mejores experiencias que he tenido. Trabajar con la gente que uno quiere y con la cual tienes un lazo de amistad sin límites es lo mejor que te puede pasar. En mi caso el crecimiento tanto en lo personal como el desarrollo musical que he tenido junto a la banda ha sido maravilloso. Pienso que todas las cosas que hemos vivido juntos como banda nos han hecho estar más cerca día a día, nos conocemos todos tan bien que cada proyecto que iniciamos nos motiva a seguir en esto que no siempre es fácil.

En lo que se refiere netamente a lo musical, pienso que hemos crecido mucho como banda ya que hemos tenido la oportunidad de enfrentarnos a diferentes situaciones y disfrutar de cada una de ellas, tanto en preparar una gira, un show o un nuevo disco. Estamos muy afiatados y contentos con el resultado de nuestro trabajo. Siempre he estado en la banda, solamente que antes era de otra forma, pero el respeto que tengo por cada uno de los músicos de Six Magics ha existido por mucho tiempo por lo que para mi es un privilegio poder compartir la música con ellos.

– Tu ingreso a Six Magics también representó un giro estilístico, lo que debió traer tanto a entusiastas como detractores, ¿qué tal ha sido ganar nuevos seguidores y enfrentar quizá el rechazo de los puristas?
– Honestamente, nosotros hacemos un balance súper positivo de todo este proceso y no nos cuestionamos demasiado lo que pasa con la gente que podría no gustarle nuestra propuesta musical, porque sabemos que eso es: una propuesta, y como tal puede haber gente a la que le gusta y otra a la cual no. Cada persona es libre de decidir. Nosotros solamente nos quedamos con lo positivo, con la excelente recepción de nuestros amigos en los conciertos en Chile, en nuestras giras por Europa, en la confianza de nuestro sello pero por sobre todo con la satisfacción personal de saber que estamos dando el cien por ciento. Para avanzar siempre hay que hacer cambios y los cambios siempre generan algún tipo de resistencia, pero lo importante es trabajar duro para entregar un producto que sea de calidad pero por sobre todo que nos deje conformes a nosotros. Hay mucha gente que sigue a Six Magics desde sus inicios como también hay personas que no conocían a la banda y que obviamente lo han hecho ahora conmigo en las voces, es natural que sea así. Yo estoy muy agradecida del recibimiento y del cariño que me entrega la gente, ¡es impagable!

– La grabación de ambos discos tuyos con Six Magics ha tenido como trasfondo tu batalla personal contra el cáncer, ¿de qué modo la música ha contribuido a la recuperación física y emocional?
– Efectivamente la grabación de los dos discos ha coincidido con dos batallas diferentes, una contra el cáncer de tiroides y otra contra el cáncer de colon. En lo personal, como cualquier persona puede imaginar, no ha sido fácil, todo lo contrario, esta es una enfermedad muy cruel que genera mucho miedo y sufrimiento, pero por otro lado produce un cambio radical en la vida de las personas. Yo grabé mi primer disco a dos meses de ser operada y de que el doctor dijera que tal vez no podría hablar ni menos cantar como antes jamás, iba a mi tratamiento por la mañana y en la tarde iba a grabar con el productor (David Prater). David me miraba y me decía que no podía creer lo que estaba viendo, en varias ocasiones nos emocionamos mucho grabando, pero todo salió bien y ese disco para mi significó mucho: fue como volver a nacer. Hace 10 meses atrás junto a la banda habíamos decido hacer un concierto grande en el teatro La Cúpula y ya teníamos varios temas compuestos para empezar a grabar en julio de 2011. Otra vez la enfermedad se hizo presente, pero ahora como cáncer de colon, cuando supe, no podía creer que en cuatro años tuviera dos cáncer diferentes. Lo pasé muy mal, tanto física como emocionalmente, la operación y una infección postoperatoria me hicieron pensar que ya era el momento de partir… pero de a poco y muy lentamente me fui recuperando y cuando la banda había decidido no grabar y mucho menos hacer el concierto, les pedí que lo hiciéramos de todas formas, que yo viviría para hacer ambas cosas, eso me dio fuerzas para saber que debía estar bien, ¡tenía cosas importantes que hacer! Asi que grabé el disco después de mis sesiones de quimioterapia y tocamos en La Cúpula en las mismas condiciones. Fue maravilloso. Durante todo ese proceso, la música pero por sobretodo la gente me dieron fuerzas para seguir luchando, sólo puedo agradecer a la banda y a toda la gente que me dio sus palabras de aliento cuando más vulnerable me encontraba. La lucha contra el cáncer siempre está, pero lo mejor es saber que uno cuenta con gente que te quiere y te apoya siempre.

– Tu profesión es la docencia, ¿el metal ha servido de vínculo entre tú y los estudiantes?
– Bueno, para nadie es un misterio que los jóvenes de hoy distan bastante de los de hace 10 ó 15 años, y efectivamente me encanta hacer clases y aunque a veces cuesta bastante conseguir que los chicos estén en la misma sintonía que los profesores, efectivamente la música siempre ayuda a acercarse un poco más. Incluso tengo muchos alumnos y exalumnos que hasta hoy asisten a nuestros conciertos.

– Alguna vez te escuché comentar que perteneces a la generación del Manuel Plaza y otros íconos de la escena capitalina. Más allá de lo tecnológico, ¿cuáles son las mayores diferencias entre aquella escena y la actual?
– Claro, en realidad hay cosas que son muy subjetivas y que pasan por la nostalgia de ese tiempo y todos los recuerdos que uno tiene de una época marcada por la contingencia político-social del momento, por lo difícil que era todo, ¡incluso conseguir música! Pero tratando de ser más objetiva, pienso que las principales diferencias tienen que ver con los mismos problemas de la sociedad actual: ahora cada quien vive su propio mundo y yo veo que no existe mucho la pertenencia a un grupo por convicciones muy fuertes, antes saludabas aunque fuera con un gesto a cualquier chascón con polera de Megadeth que veías en la calle y nos sentíamos parte de un algo, nos sentíamos como Metal Brothers (ríe). Ahora creo que no es tan así, pero es normal creo yo. También creo que nos emocionábamos más con la música en vivo, eran acontecimientos importantes para nosotros, nos había costado tanto conseguir los cassettes, posters, algún video VHS de X banda, que verlos en vivo era una ceremonia! Ahora creo que todo al ser más accesible también es más desechable y por lo mismo cuesta más impresionarse con algo. Pienso que había una ideología del ser metalero, aunque no sé si todos la teníamos muy clara (ríe).

– Elizabeth, muchas gracias por tu tiempo. Si deseas agregar algo, el espacio es tuyo.
– Solamente agradecer el espacio y el apoyo a las bandas nacionales. Saludos a la gente de Ciudad Metal y a la gente que nos apoya incondicionalmente. ¡Muchas gracias!

Por María Loreto Correa

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